Formación para el Trabajo a mujeres privadas de libertad en Argentina

Autora: María Mullen
Responsable de Comunicación Interna de Fe y Alegría Argentina

Fe y Alegría Argentina junto al Centro Genesaret brindan acompañamiento y talleres con formación para el trabajo a mujeres privadas de la libertad en San Juan. En el Día Internacional de la mujer, compartimos este testimonio en el que tantas mujeres son coprotagonistas de una transformación profunda hacia una auténtica libertad. La educación y la mirada confiada de otro, chispa para encender una vida nueva.

Hablar de libertad y de poder elegir, soñar y luchar por lo que uno quiere, puede parecer utopía cuando se nace en la pobreza y la exclusión social; más aún si se nace mujer.

En el Servicio Penitenciario Provincial de San Juan viven unas 200 mujeres, muchas veces sin visitas, sin recursos ni herramientas para intentar transformar su presente o su futuro en algo distinto. Mientras en el pabellón masculino los hombres cuentan con 16 opciones de talleres en distintos perfiles técnicos (albañilería, electricidad, construcción...) para tener una “fajina” dentro de la cárcel poniendo en práctica lo aprendido y un “peculio” (una mínima retribución económica por ello) la mujer sólo puede realizar tareas de limpieza. “Cuando una mujer nació en una cultura de pobreza, de violencia familiar, de falta de educación, desnutrición infantil... y llega a la cárcel, me pregunto si de verdad era libre en su vida previa”, dice Fabiola Lara Baigorri, miembro del Centro Genesaret, desde la capital de la provincia de San Juan. Hace años se dedica a acompañarlas y desde hace dos, desarrolla con Fe y Alegría talleres y cursos de formación orientada al empleo y autoempleo, además de brindar acompañamiento personal. “Hay quienes me cuestionan por trabajar y ayudar a estas mujeres; piensan que no deberían tener una segunda oportunidad... Pero yo les pregunto ¿cómo estás tan seguro de que al menos tuvieron una? Quizás nosotros podamos darle la primera”.

El primer taller que se dio en el penal fue de costura, dentro del pabellón y con dos máquinas que dejaban mucho que desear... Hoy los talleres cuentan con cinco máquinas nuevas brindadas por Fe y Alegría -gracias a la colaboración de Entreculturas y del Grupo Inditex-, con todos los materiales necesarios y se realizan en un pabellón que estaba vacío, alejado de donde viven las reclusas... Un verdadero oasis, dicen todas. Aman ese espacio y son personas totalmente distintas cuando pisan allí. En poco tiempo han aprendido a confeccionar desde pantalones y polleras hasta cuchas de perro. De los talleres también participan, en menor número, agentes penitenciarias, lo que posibilita un espacio de relación nuevo con las internas muy positivo.

Además del perfil técnico, la formación incluye competencias “blandas”, gracias a los contenidos brindados por el programa Formación para el Trabajo de Fe y Alegría y Accenture. “Primero adaptamos los contenidos de los programas a nuestro lenguaje y la realidad local. El taller de autoconfianza fue el que elegimos para arrancar con las chicas y fue muy poderoso y transformador. Ahora se sumará la formación en “Capacidad de relacionarse”, “Tolerancia a la frustración” y “Autocontrol”, además de un taller de lencería. Los frutos están tan a la vista, que las autoridades del Servicio Penitenciario manifestaron su interés en replicar la propuesta para el pabellón de hombres, algo que se concretará muy pronto, con otros perfiles técnicos. Las internas dan testimonio del poder de la educación recibida, del afecto y la cercanía del acompañamiento. Una de ellas, cuya identidad prefiere resguardar, nos compartió su experiencia en un mensaje de voz.

“Tuve el agrado de participar de los talleres de Fe y Alegría... Estoy muy agradecida. Nos dieron unas charlas inolvidables. Esas palabras de ayuda, de aliento que tuvieron con nosotras han depositado en mí un granito de arena inmenso. No tenía confianza en mí misma. Esas palabras hicieron que despertara en mí la fe, la esperanza, ese sí se puede... ese seguir adelante para poder estar allí adentro. Ahora que estoy afuera en libertad soy una persona llena de sueños, soy una persona nueva, que puede soñar y dice sí puedo. Confío en mí, confío en Jesús, que me da una nueva oportunidad, que me perdona. Soy lo que soy por esas palabras. Puedo despertarme cada día y decirme que puedo ser feliz, que puedo lograr mis metas, puedo abrazar, sentir, soñar... Puedo aprender cada día cosas diferentes. Gracias...”

Una amistad que cambió todo

¿Cómo comenzó este camino...? Cuando Fabiola aceptó la invitación de un sacerdote amigo, el P. Eduardo Gutiérrez Bonduel (actual representante legal del Centro Genesaret), a sumarse como voluntaria en la pastoral carcelaria de su diócesis. La movía el deseo de darse a los demás, de no dejar enterrados los “talentos” recibidos de los que habla el evangelio. “Las mujeres principalmente llegan por robos o temas de drogas...-cuenta Fabiola- , y lo que más les duele es no poder ver a sus hijos. Muchas no tienen a nadie con quien hablar, algo tan necesario... más si se espera que ellas cambien de vida y no que su tiempo en la cárcel sea una escuela del delito. No podemos esperar que por estar encerradas logren algo; no lo haríamos con nuestros hijos si hacen algo mal.. .¿quien logra algo solo encerrándolos? ¿para que se pudran?” .

En ese comenzar a pisar la cárcel, conoció a una interna con quien entabló una profunda relación. La acompañó hasta que recuperó libertad. Una vez fuera su amiga no encontró otro camino para ganarse la vida que ejercer la prostitución. De una cárcel.. a otra sin ese nombre. Repentinamente murió en un accidente en moto con un cliente. Al poco tiempo salió a la luz que ella siempre había sido inocente de la acusación por la que la habían condenado. Todo esto empujó a Fabiola, esposa y madre, a comprometerse más de lleno con la realidad de las presas. Actualmente, la casa donde vivía su madre la donó para que funcione el Centro Genesaret, que significa Mar de Galilea...Aquel donde tantos eventos centrales del evangelio tuvieron lugar. Fabiola confiesa que se sintió inspirada por la familia Reyes, la que donó su casa allá en Venezuela para fundar la primera escuela de Fe y Alegría en el mundo.

“Yo siempre digo que como sociedad somos un tejido... Si alguien está roto, todos estamos rotos. No podemos dejarlo solo, debemos ir a su encuentro”.

Mujeres luchadoras, mujeres que se transforman y transforman. Inspiran. A todas ellas, feliz día y gracias.



Nota: Marzo, 2019


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